Los equilibrios entre generaciones han dejado de darse por supuesto. Durante mucho tiempo, las generaciones contribuían, se relevaban y se cuidaban sin necesidad de nombrarlo; hoy ese pacto implícito está bajo examen.
Con esa premisa nace el informe sobre solidaridad intergeneracional que Eusko Ikaskuntza ha elaborado en el marco de su colaboración con el Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco, y que recoge el trabajo desarrollado a lo largo de 2025 a partir del simposio Heldu, Gazte!.
El documento es, ante todo, un diagnóstico: antes de proponer medidas, ordena el conocimiento, clarifica el concepto y delimita el debate. De ese ejercicio emergen tres ejes centrales.
El primer eje es la igualdad de oportunidades dentro y entre generaciones. El informe constata que el ascensor social se ha frenado y que las desventajas se transmiten de unas generaciones a otras; el edadismo —que el 52% de la ciudadanía europea identifica como el mayor factor de desventaja laboral— forma parte del problema y exige situar la edad en el centro de las políticas de igualdad, junto al género o el origen.
El segundo apunta a la gobernanza: la solidaridad intergeneracional necesita políticas con horizonte de décadas y herramientas para evaluar, antes de decidir, cómo se reparten costes y beneficios entre generaciones. El referente es Gales, con diez años de su Well-being of Future Generations Act.
La tercera es la dimensión comunitaria. La solidaridad también se vive en lo cotidiano —asociaciones, clubes, actividades de barrio—, un activo frágil que el individualismo erosiona y que conviene reconocer y fortalecer.
Este informe es el punto de partida. A lo largo de 2026 se organizarán tres encuentros para aterrizar el concepto en ámbitos concretos y construir una agenda de medidas, con el objetivo de cerrar el año con una hoja de ruta.
