Adela Cortina
La catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, ha ofrecido hoy una brillante conferencia dentro del eje Revalorización de lo Público, titulada La dimensión pública de la sociedad civil. Adela Cortina es figura de referencia en el ámbito de la reflexión ética: sus investigaciones se dirigen tanto a los fundamentos mismos de la ética, como a las aplicaciones de la ética a la vida diaria: la política, la educación, las empresas, la sanidad, las biotecnologías, el consumo, los medios de comunicación, las profesiones, etc. Tiene en su haber una amplia bibliografía: Ética mínima, Ética sin moral, Ética aplicada y democracia radical, Ética de la empresa, Ciudadanos del mundo, Por una ética del consumo... Hace un par de años obtuvo el Premio Internacional de Ensayo 'Jovellanos' por Ética de la razón cordial, educar en al ciudadanía en el siglo XXI. Fue la primera mujer en ingresar en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Adela Cortina ha comenzado su reflexión delimitando el ámbito de lo público, que en el lenguaje común se circunscribe a los poderes que gestionan recursos públicos. Lo público hay que entenderlo en un sentido más amplio y que abarca a cuanto tiene consecuencias en el bien común. Y, por tanto hay que considerar público a los poderes políticos, pero también a los agentes económicos y a la sociedad civil ("todas las profesiones son bienes públicos", ha afirmado).
En la crisis actual se ha puesto de manifiesto el escaso sentido de "lo público". Ha faltado ese sentido en las entidades financieras, en los controladores y en la ciudadanía. Para explicar cómo se ha llegado a esta situación, la autora de Ética mínima ha recurrido a antecedentes históricos en la creación de la democracia representativa, cuando, tras la Revolución Francesa, triunfó un modelo de "libertad como independencia". Así como los ricos del siglo XIX disfrutaban de los placeres de la vida y delegaban la administración de sus bienes y haciendas en otras personas, la actual democracia parece reproducir ese mismo esquema. Todos queremos disfrutar de nuestra libertad como independencia, como privacidad, y dejamos a otros que gestionen los asuntos del colectivo.
Piensa Adela Cortina que la sociedad civil ha de asumir su responsabilidad sobre lo público una vez admitido que no hay separación entre por un lado Estado y política, como dominio de lo público, y por otro la sociedad civil como ámbito de lo privado. Por tanto, "los sectores político, económico y social han de unirse para dar satisfacción a las necesidades públicas". Y la principal exigencia es la de Justicia. Una exigencia que afecta a lo nacional pero que debe tener a la vez "un horizonte cosmopolita" (pues si ya Terencio hace dos mil años afirmó que "Hombre soy, y nada humano me es ajeno", ¿qué no diremos los habitantes de este mundo globalizado?).
Una sociedad justa, para Adela Cortina, es aquella que "empondera las capacidades básicas para que las personas puedan llevar a cabo los planes de vida que quieran elegir". Pero llegar a una sociedad justa es tarea que obliga tanto al poder político, a los agentes económicos como a los ciudadanos. El poder político ha de procurar el bien común con los mecanismos del Estado de Derecho, fomentando la transparencia. Las empresas han de asumir la responsabilidad social corporativa, en tanto que su labor tiene consecuencias públicas. Y la ciudadanía ha de ser crítica, exigiendo que cada sector asuma sus responsabilidades; en este sentido ha afirmado su convicción de que el siglo XXI va a ser "el siglo de los ciudadanos que piensan por sí mismos".
El poder político, la empresa y la ciudadanía deben cohesionarse en torno a una idea de lo público como "terreno de la intersubjetividad humana" de que habló Hanna Arend, desde una "amistad cívica" capaz de unir a ciudadanos de una comunidad política y con unos mínimos de justicia compartida.
