María Jesús Soto Bruna / Profesora Ordinaria de Filosofía. Universidad de Navarra
En nuestros días, el ser humano cuestiona su propia identidad; la pregunta misma por su ser indica el cuestionamiento del sentido de su existencia. Asimismo, la pregunta implica la memoria de que identidad y sentido están presentes en la búsqueda. Quizá más que nunca, el ser humano ha buscado qué es aquello que le constituye como tal y lo diferencia de resto del universo. En esa búsqueda ha encontrado tanto solipsismo como alteridad.
En efecto, el ser humano hoy se comprende como sujeto, esto es, como un "yo" que debe realizarse vitalmente desde una libertad que supone tanto fundada como fundante. Por otra parte, ha reconocido que solamente "saliendo del espejo" autorreferencial y hallándose en el otro, esto es, reconociendo la alteridad, puede esa libertad ejercerse en su sentido más elevado.
El ser humano, hoy, se mueve entre la retroflexión y el reconocimiento de la alteridad, del semejante. En esta, por así decir, encrucijada, sabemos, como seres humanos, que únicamente la afirmación del "otro" en cuanto "otro" puede devolvernos a identidad que hemos perdido en la memoria histórica.
En definitiva, somos conscientes de que solamente admitiendo la diferencia del semejante, emprenderemos de nuevo la tarea de la relación; sabiendo que la relación entre seres humanos va más allá del cuadro categorial, situándose a nivel de espíritu.
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